Si te miro me recuerdas la luz de los mediodías de los veranos de mi infancia.
Ese color dorado en las cosas, ese azul en el cielo.
Las miradas continuas a la estación desde la ventana del piso de arriba, ese sueño perpetuo de escapar, esa pregunta clavada acerca de en qué estarían pensando las personas que iban en aquellos vagones.
En tus ojos se encierra mi infancia y mi vejez, el deseo de marcharme y la alegría por haber llegado.
La eternidad de un día de la niñez y la brevedad de una vida.
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