martes, 27 de diciembre de 2016

Y es que tus despertares son restos de la Luna de la noche anterior.

Tu primer parpadeo, un saludo al mundo desde toda una vida concentrada en el color de tus ojos.

Me acaricias el rostro, y hierba mojada rodeada de jara y romero, vuelve al sitio de mi memoria en el que guardo mi infancia.

Un beso tuyo viene entonces a encontrarse con mis labios, esos pedigüeños eternos del cariño de tu ser.

Y el olor a lluvia empapa esta habitación, ese escondite nuestro que renace cuando tu vigilia vence al sueño.

Y descubro, de nuevo, como cada día desde que te conocí, que estoy enamorado de tí.