Estás a años luz de mí y te querría a mi lado. Me gustaría contemplar tus caderas mientras retiro lentamente la sábana blanca que aún cubre tu cuerpo desnudo.
No me perdería ni una sola de las curvas que dan forma a la belleza de tu ser. Ni el rincón más íntimo de ti quedaría sin ser visitado por el calor de mi deseo.
Quiero que tu olor me rodee, como un abrazo invisible que permanezca cuando te hayas marchado de mi mente, un perfume hecho de esencia de soledad y esperanzas de reencuentro.
La crueldad del Destino une y separa, decide placeres y pesares, elige a quién y cuándo, dejando que seamos meros espectadores del tren que pasa por la lejanía de nuestras vidas.
Es el encanto de lo imposible, la ensoñación de lo irreal.
La fantasía de lo querido es la ilusión de los perdedores, la apuesta de los seguidores de lo imposible.