Y los años han pasado, como nubes que atraviesan el cielo sin ser suficientemente oscuras.
Tiempo en el que la radio siempre encontró canciones tristes para que me acordara de ti.
Siguió habiendo mañanas de niebla en las que podía sentir tu mano agarrada a la mía.
Sonido de olas que me hacían creer que me hablabas.
Almohadas que me engañaban haciéndose pasar por el roce de tus mejillas.
Ha pasado el tiempo sin dejar huellas en mi existencia. Como un cuaderno que pasa hojas en blanco movidas por el viento.
Mi corazón sigue detenido, lleno de la misma sangre que tu hiciste que naciera en mis venas.
Mi piel continúa esperando, como un perro espera la caricia de su dueño a las puertas del cementerio.
Mis ojos siguen mirando otros ojos que ya sólo existen en la cara del recuerdo.
A veces pienso que soy una flor que no se abre, porque guarda su último instante para ser admirada por ti.
Quizás nací para vivir sólo dos días, aquél en el que te conocí y ese en el que espero volver a verte.
Éste es un blog dedicado al erotismo, al sexo, a la pasión por la belleza y el espíritu femenino. Escrito en prosa poética sin correcciones, tal como nace entre tragos de ginebra. Espero que te guste.
lunes, 30 de abril de 2018
sábado, 7 de abril de 2018
Pisadas en la nieve son tus palabras ahora que te he vuelto a encontrar.
Pistas para este viejo cazador, que esperaba el día en que se topara de nuevo con tus ojos, vacíos negros en los que se pierde el mundo, de los que no hay salida para mí.
Eres vuelta a empezar, renacer de sentimientos, caja de fotografías que se desparraman por el suelo de mi presente.
Eres rasgarse mi velo de excusas, aquél que tapaba un te quiero eterno, con la tela del nunca te quise.
Para qué tanto tiempo, si ahora todo vuelve a cero.
Para qué tanta distancia, si ahora vuelvo a recordar tu cuerpo entre mis brazos.
Para qué tantas lágrimas, si ahora vuelvo a sonreír.
Sigues siendo el vértigo sobre el que giran mi día y mi noche, sucesión sin fin de oscuridades, estrellas y soles.
Soy tu satélite, pequeño fragmento que te sigue a través de los momentos de la vida.
Sigues siendo mi universo, casa en la que mi diminuta existencia transita, con la esperanza de que te cruces con ella.
Vuelves a ser ventana de cristal oscuro, trampa para la luz de mi vivir, espacio cercado del que mi corazón no escapa, tierra dorada en la que mi cuerpo muere, azul cielo al que mi alma vuela.
Me diste la libertad al regalarme tus cadenas.
Ahora soy perro salvaje que ya no se enjuicia.
Sólo a ti otorgo el poder de valorarme, sólo tú eres balanza digna de pesar mis acciones, sólo tú eres firma válida para dictar mi sentencia, sólo tú puedes pedir para mí, castigo, pena y dolor.
Sólo tú me devuelves al redil de las noches sin fin, al olor de tu cuerpo atrapado en mis dedos, al llanto libidinoso de tu vientre derramándose por el interior de tus piernas, a tu mente perdida en el mecerse de mis caderas.
Volvamos a entonces, cuando sólo pedías más, cuando ni todo yo te era suficiente, cuando la persiana bajada nos separaba del resto, cuando sólo existíamos los dos, buscando el éxtasis en la habitación a oscuras.
Regresemos a la locura, al pecado, a la traición a los demás con la que alimentábamos la lealtad entre nosotros.
Pistas para este viejo cazador, que esperaba el día en que se topara de nuevo con tus ojos, vacíos negros en los que se pierde el mundo, de los que no hay salida para mí.
Eres vuelta a empezar, renacer de sentimientos, caja de fotografías que se desparraman por el suelo de mi presente.
Eres rasgarse mi velo de excusas, aquél que tapaba un te quiero eterno, con la tela del nunca te quise.
Para qué tanto tiempo, si ahora todo vuelve a cero.
Para qué tanta distancia, si ahora vuelvo a recordar tu cuerpo entre mis brazos.
Para qué tantas lágrimas, si ahora vuelvo a sonreír.
Sigues siendo el vértigo sobre el que giran mi día y mi noche, sucesión sin fin de oscuridades, estrellas y soles.
Soy tu satélite, pequeño fragmento que te sigue a través de los momentos de la vida.
Sigues siendo mi universo, casa en la que mi diminuta existencia transita, con la esperanza de que te cruces con ella.
Vuelves a ser ventana de cristal oscuro, trampa para la luz de mi vivir, espacio cercado del que mi corazón no escapa, tierra dorada en la que mi cuerpo muere, azul cielo al que mi alma vuela.
Me diste la libertad al regalarme tus cadenas.
Ahora soy perro salvaje que ya no se enjuicia.
Sólo a ti otorgo el poder de valorarme, sólo tú eres balanza digna de pesar mis acciones, sólo tú eres firma válida para dictar mi sentencia, sólo tú puedes pedir para mí, castigo, pena y dolor.
Sólo tú me devuelves al redil de las noches sin fin, al olor de tu cuerpo atrapado en mis dedos, al llanto libidinoso de tu vientre derramándose por el interior de tus piernas, a tu mente perdida en el mecerse de mis caderas.
Volvamos a entonces, cuando sólo pedías más, cuando ni todo yo te era suficiente, cuando la persiana bajada nos separaba del resto, cuando sólo existíamos los dos, buscando el éxtasis en la habitación a oscuras.
Regresemos a la locura, al pecado, a la traición a los demás con la que alimentábamos la lealtad entre nosotros.
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