Y en la soledad del perro en el rincón, la del souvenir de estantería, te busco en un vaso de ginebra y encuentro que ya sólo te recuerdo en los te quiero que callaste, en los abrazos ahorrados, en las esperas consumidas, en las sábanas secas, en las miradas no miradas, en los versos sin destino, en la indiferencia del tren del que ya no bajas, en un número menos de teléfono, en los cuervos de los años que devoran el cadáver de tu memoria.
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