Éste es un blog dedicado al erotismo, al sexo, a la pasión por la belleza y el espíritu femenino. Escrito en prosa poética sin correcciones, tal como nace entre tragos de ginebra. Espero que te guste.
jueves, 5 de julio de 2018
Vuelvo de nuevo a olas de recuerdo, agua que moja mis pies, clavados en la arena del pasado.
Sigo siendo aquél caminante que cruzaba la playa para ver tus ojos, para oír el acento de tu voz al pronunciar mi nombre.
Han pasado los años pero no el tiempo, como un corazón lleno de una sangre que no va a ningún sitio, porque ya encontró el lugar dónde quiere vivir.
No, no eres otra foto que enmarcar, porque no eres memoria para llenar mesas, eres tatuaje clavado en mi carne, la que siempre fue tuya.
Tú, mi misma vida, el futuro guardado por el destino, el presente robado por las circunstancias.
Y ahí sigues, y aquí sigo, como una partida que siempre acaba en tablas, como la broma de algún ángel perverso, pequeño demonio que juega con dos almas que ya se unieron, pero que viven en cuerpos ciegos.
Dos que fuimos uno desde el principio, separados por las esquinas del día a día, por los kilómetros de las decisiones equivocadas.
Sigo siendo aquél caminante que cruzaba la playa para ver tus ojos, para oír el acento de tu voz al pronunciar mi nombre.
Han pasado los años pero no el tiempo, como un corazón lleno de una sangre que no va a ningún sitio, porque ya encontró el lugar dónde quiere vivir.
No, no eres otra foto que enmarcar, porque no eres memoria para llenar mesas, eres tatuaje clavado en mi carne, la que siempre fue tuya.
Tú, mi misma vida, el futuro guardado por el destino, el presente robado por las circunstancias.
Y ahí sigues, y aquí sigo, como una partida que siempre acaba en tablas, como la broma de algún ángel perverso, pequeño demonio que juega con dos almas que ya se unieron, pero que viven en cuerpos ciegos.
Dos que fuimos uno desde el principio, separados por las esquinas del día a día, por los kilómetros de las decisiones equivocadas.
miércoles, 16 de mayo de 2018
Tú, que amasaste la forma de mi corazón desde la sonrisa del día en que te conocí, hasta el signo de interrogación de cuando te marchaste.
Me veo aquí sentado, mirando pasar nubes de recuerdo a través del cielo de mis años, y en cada una puedo reconocer algún detalle que me trae tu cara a este barco perdido en el que se ha convertido mi mente.
Tampoco me da descanso este viento frío de principios de otoño, que me lleva a buscar calor dentro de mi ropa, aunque sé que lo que hago es volver a la sensación de oír el sonido de tus llaves al abrir las puertas de casa.
Preludio de tu presencia que se sabía en todas las habitaciones aunque no hablaras, como si tu espíritu fuera lo que le faltaba al mundo para no convertirse en simple vacío.
Esas mismas habitaciones que antes estaban llenas de sonrisas paradas en el tiempo, como catálogos de momentos de nuestra vida en común, y que ahora se quedan en simples objetos para llenar cajas de mudanza.
Ahora que te has ido, has dejado un hueco en la escalera de mi existencia, un no comprender cómo llegué hasta aquí, un parpadeo que de repente pone ante mis ojos dos realidades distintas, el ayer de mi brazo sobre tus hombros, y el hoy de mis manos perdidas en mis bolsillos.
Me veo aquí sentado, mirando pasar nubes de recuerdo a través del cielo de mis años, y en cada una puedo reconocer algún detalle que me trae tu cara a este barco perdido en el que se ha convertido mi mente.
Tampoco me da descanso este viento frío de principios de otoño, que me lleva a buscar calor dentro de mi ropa, aunque sé que lo que hago es volver a la sensación de oír el sonido de tus llaves al abrir las puertas de casa.
Preludio de tu presencia que se sabía en todas las habitaciones aunque no hablaras, como si tu espíritu fuera lo que le faltaba al mundo para no convertirse en simple vacío.
Esas mismas habitaciones que antes estaban llenas de sonrisas paradas en el tiempo, como catálogos de momentos de nuestra vida en común, y que ahora se quedan en simples objetos para llenar cajas de mudanza.
Ahora que te has ido, has dejado un hueco en la escalera de mi existencia, un no comprender cómo llegué hasta aquí, un parpadeo que de repente pone ante mis ojos dos realidades distintas, el ayer de mi brazo sobre tus hombros, y el hoy de mis manos perdidas en mis bolsillos.
sábado, 12 de mayo de 2018
Hacerte el amor es buscar un final que se retrasa, como sombra que se alarga por el sol del ocaso, estrella del éxtasis que se alza en el cielo del placer y cae para morir en tu vientre, cofre de secretos eternos, de goce pagado con futuros perdidos, de mentiras compartidas en vidas separadas desde el principio, ensoñación de pareja para encubrir sólo el deseo de poseerse, hipocresía de amantes furtivos jugando a ser sólo uno, escondiendo la verdad, la de dos animales que anhelan devorarse en noches de habitaciones en penumbra, en gemidos disimulados, en madrugadas de sudor, en "te quieros" nacidos del instante del clímax, amor que desaparece con el día, engaño que se lava la cara para marcharse a caminar por las calles de la indiferencia.
lunes, 30 de abril de 2018
Y los años han pasado, como nubes que atraviesan el cielo sin ser suficientemente oscuras.
Tiempo en el que la radio siempre encontró canciones tristes para que me acordara de ti.
Siguió habiendo mañanas de niebla en las que podía sentir tu mano agarrada a la mía.
Sonido de olas que me hacían creer que me hablabas.
Almohadas que me engañaban haciéndose pasar por el roce de tus mejillas.
Ha pasado el tiempo sin dejar huellas en mi existencia. Como un cuaderno que pasa hojas en blanco movidas por el viento.
Mi corazón sigue detenido, lleno de la misma sangre que tu hiciste que naciera en mis venas.
Mi piel continúa esperando, como un perro espera la caricia de su dueño a las puertas del cementerio.
Mis ojos siguen mirando otros ojos que ya sólo existen en la cara del recuerdo.
A veces pienso que soy una flor que no se abre, porque guarda su último instante para ser admirada por ti.
Quizás nací para vivir sólo dos días, aquél en el que te conocí y ese en el que espero volver a verte.
Tiempo en el que la radio siempre encontró canciones tristes para que me acordara de ti.
Siguió habiendo mañanas de niebla en las que podía sentir tu mano agarrada a la mía.
Sonido de olas que me hacían creer que me hablabas.
Almohadas que me engañaban haciéndose pasar por el roce de tus mejillas.
Ha pasado el tiempo sin dejar huellas en mi existencia. Como un cuaderno que pasa hojas en blanco movidas por el viento.
Mi corazón sigue detenido, lleno de la misma sangre que tu hiciste que naciera en mis venas.
Mi piel continúa esperando, como un perro espera la caricia de su dueño a las puertas del cementerio.
Mis ojos siguen mirando otros ojos que ya sólo existen en la cara del recuerdo.
A veces pienso que soy una flor que no se abre, porque guarda su último instante para ser admirada por ti.
Quizás nací para vivir sólo dos días, aquél en el que te conocí y ese en el que espero volver a verte.
sábado, 7 de abril de 2018
Pisadas en la nieve son tus palabras ahora que te he vuelto a encontrar.
Pistas para este viejo cazador, que esperaba el día en que se topara de nuevo con tus ojos, vacíos negros en los que se pierde el mundo, de los que no hay salida para mí.
Eres vuelta a empezar, renacer de sentimientos, caja de fotografías que se desparraman por el suelo de mi presente.
Eres rasgarse mi velo de excusas, aquél que tapaba un te quiero eterno, con la tela del nunca te quise.
Para qué tanto tiempo, si ahora todo vuelve a cero.
Para qué tanta distancia, si ahora vuelvo a recordar tu cuerpo entre mis brazos.
Para qué tantas lágrimas, si ahora vuelvo a sonreír.
Sigues siendo el vértigo sobre el que giran mi día y mi noche, sucesión sin fin de oscuridades, estrellas y soles.
Soy tu satélite, pequeño fragmento que te sigue a través de los momentos de la vida.
Sigues siendo mi universo, casa en la que mi diminuta existencia transita, con la esperanza de que te cruces con ella.
Vuelves a ser ventana de cristal oscuro, trampa para la luz de mi vivir, espacio cercado del que mi corazón no escapa, tierra dorada en la que mi cuerpo muere, azul cielo al que mi alma vuela.
Me diste la libertad al regalarme tus cadenas.
Ahora soy perro salvaje que ya no se enjuicia.
Sólo a ti otorgo el poder de valorarme, sólo tú eres balanza digna de pesar mis acciones, sólo tú eres firma válida para dictar mi sentencia, sólo tú puedes pedir para mí, castigo, pena y dolor.
Sólo tú me devuelves al redil de las noches sin fin, al olor de tu cuerpo atrapado en mis dedos, al llanto libidinoso de tu vientre derramándose por el interior de tus piernas, a tu mente perdida en el mecerse de mis caderas.
Volvamos a entonces, cuando sólo pedías más, cuando ni todo yo te era suficiente, cuando la persiana bajada nos separaba del resto, cuando sólo existíamos los dos, buscando el éxtasis en la habitación a oscuras.
Regresemos a la locura, al pecado, a la traición a los demás con la que alimentábamos la lealtad entre nosotros.
Pistas para este viejo cazador, que esperaba el día en que se topara de nuevo con tus ojos, vacíos negros en los que se pierde el mundo, de los que no hay salida para mí.
Eres vuelta a empezar, renacer de sentimientos, caja de fotografías que se desparraman por el suelo de mi presente.
Eres rasgarse mi velo de excusas, aquél que tapaba un te quiero eterno, con la tela del nunca te quise.
Para qué tanto tiempo, si ahora todo vuelve a cero.
Para qué tanta distancia, si ahora vuelvo a recordar tu cuerpo entre mis brazos.
Para qué tantas lágrimas, si ahora vuelvo a sonreír.
Sigues siendo el vértigo sobre el que giran mi día y mi noche, sucesión sin fin de oscuridades, estrellas y soles.
Soy tu satélite, pequeño fragmento que te sigue a través de los momentos de la vida.
Sigues siendo mi universo, casa en la que mi diminuta existencia transita, con la esperanza de que te cruces con ella.
Vuelves a ser ventana de cristal oscuro, trampa para la luz de mi vivir, espacio cercado del que mi corazón no escapa, tierra dorada en la que mi cuerpo muere, azul cielo al que mi alma vuela.
Me diste la libertad al regalarme tus cadenas.
Ahora soy perro salvaje que ya no se enjuicia.
Sólo a ti otorgo el poder de valorarme, sólo tú eres balanza digna de pesar mis acciones, sólo tú eres firma válida para dictar mi sentencia, sólo tú puedes pedir para mí, castigo, pena y dolor.
Sólo tú me devuelves al redil de las noches sin fin, al olor de tu cuerpo atrapado en mis dedos, al llanto libidinoso de tu vientre derramándose por el interior de tus piernas, a tu mente perdida en el mecerse de mis caderas.
Volvamos a entonces, cuando sólo pedías más, cuando ni todo yo te era suficiente, cuando la persiana bajada nos separaba del resto, cuando sólo existíamos los dos, buscando el éxtasis en la habitación a oscuras.
Regresemos a la locura, al pecado, a la traición a los demás con la que alimentábamos la lealtad entre nosotros.
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