y quedo atrapado en una de tus gotas de sudor, ahora soy el habitante de una esfera salada que inicia su camino para atravesar el universo de tu cuerpo flotando a través del espacio de tu piel.
Soy el pasajero de tu esencia, que al caer me deja sentir hasta el más pequeño de tus movimientos.
Me desplomo desde el precipicio del final de tu cara hasta las laderas de tus pechos, después de haberme dejado mecer por las góndolas rojas de tus labios.
Me deslizo hasta las cumbres sonrosadas que coronan tus senos, y por un instante, tiemblo por el terremoto del latir de tu corazón.
Es hora de proseguir viaje, de atravesar la llanura de tu abdomen, terreno incógnito que me deja adivinar lo que puede ser un espejismo en el horizonte.
La gravedad me ayuda, tira de mí, con fuerza, y me acerca cada vez más a las dunas que forman las curvas de tus muslos.
El cansancio me puede, necesito parar, y en mi caída sin fin, llego a término, el oasis húmedo que se oculta entre tus piernas...
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