lunes, 21 de agosto de 2023

Deseo

 Y recorro la ciudad sin rumbo, buscándote, aunque sé que ya jamás te encontraré. Me quedo mirando aquella esquina, en la que con la protección de la madrugada te apretaba entre mi pecho y la pared, subiéndote la falda para acariciar tus piernas mientras dejabas que la serpiente que habita en mi boca, buscara tu lengua en la tuya para devorarla.


En aquel tiempo aún eras mía, de la única forma que se puede pertenecer a alguien cuando se está enamorado: sin límites, sin compasión, dejando que tu amante te posea hasta que el placer te robe el conocimiento, hasta el momento en el que ya no hay mente, sólo cuerpo, cuando los sentidos son los únicos presentes, cuando no hay más que olor a lujuria y el tacto se vuelve terciopelo, el sabor es de mujer y la garganta ya no sabe de palabras, sólo de gemidos, cuando la vista ya no cuenta porque los ojos se han cerrado simulando la muerte, una que nos lleva por un instante al Cielo del deseo satisfecho.

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