Vuelvo de nuevo a olas de recuerdo, agua que moja mis pies, clavados en la arena del pasado.
Sigo siendo aquél caminante que cruzaba la playa para ver tus ojos, para oír el acento de tu voz al pronunciar mi nombre.
Han pasado los años pero no el tiempo, como un corazón lleno de una sangre que no va a ningún sitio, porque ya encontró el lugar dónde quiere vivir.
No, no eres otra foto que enmarcar, porque no eres memoria para llenar mesas, eres tatuaje clavado en mi carne, la que siempre fue tuya.
Tú, mi misma vida, el futuro guardado por el destino, el presente robado por las circunstancias.
Y ahí sigues, y aquí sigo, como una partida que siempre acaba en tablas, como la broma de algún ángel perverso, pequeño demonio que juega con dos almas que ya se unieron, pero que viven en cuerpos ciegos.
Dos que fuimos uno desde el principio, separados por las esquinas del día a día, por los kilómetros de las decisiones equivocadas.
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