sábado, 9 de mayo de 2015

Hazme preso entre tus piernas, que los pétalos de tu sexo sean el único cielo que mis ojos puedan ver, que la piel sonrosada, húmeda y suave que se esconde entre tus muslos sea el único alimento al que tenga derecho, que para escapar mi boca tenga que entrar en lo más profundo de ti. Intenta dominarme simplemente para provocarme, para que yo finja que lucho por intentar apartarte de mi. Libremos una contienda en la que mis armas sean mis manos recorriendo con lascivia tus piernas, tu espalda, tu cuello. Una guerra en la que mis soldados sean mis dedos entrelazándose en tus cabellos, tirando de ellos para obligarte, para someterte, como hace el jinete a su montura. Cuando mi boca haya hecho su trabajo déjame libre, ahora yo decidiré tu placer más inmediato y no sabrás por dónde comenzaré. Quizás prefiera convertirte en mi amazona, aunque es difícil domarme, probablemente tendrás que clavar tus uñas en mis hombros cada vez que penetre en ti. Pero no implores, porque no pararé hasta que contemple tu rendición, cuando el climax haga que caigas vencida sobre mi, no hasta que supliques que repitamos este encuentro furtivo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario