domingo, 8 de marzo de 2015

Y te encuentro llorando en una esquina de la habitación.
El sol ilumina tu rostro y tu cuerpo, pero de forma velada, tamizada por la casi transparencia de una cortina blanca.
Lloras a la vez sin motivo, y por todas las razones que pueda haber en el mundo, lloras como sólo una mujer sabe llorar.
Y es que cada una de las gotas que salen de tus ojos, son universos en miniatura.
Son miradas a una madre en la infancia, suspiros encendidos de ilusión por amores adolescentes, sonrisas que se ocultan ante la travesura de un hijo, caricia en la cara de un padre anciano, rencor acumulado por traiciones repetidas.
Te miro y me siento minúsculo, porque mi sencillez como ser, se descubre ante la majestad de tu creación.

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